Ciudades verdes, resilientes e innovadoras

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Ciudades verdes, resilientes e innovadoras

Autor: Ignacio Chanzá.  Artículo de fondo publicado en la Revista Forum Calidad.                 Nº 292. Junio 2018

 

La prevención de un impacto catastrófico del cambio climático junto con el logro del objetivo del Acuerdo de París de la limitación del calentamiento del planeta “muy por debajo de los 2°C” demandan una velocidad de descarbonización al menos seis veces más rápida que cualquier otro éxito que hasta ahora se haya logrado a nivel mundial. El tiempo se acaba y estamos ante la necesidad de tomar medidas inmediatas si queremos dejar a nuestros sucesores un planeta en el que poder vivir. Ya no es suficiente seguir trabajando mediante cambios graduales e incrementales.

El desafío con el que nos encontramos requiere una innovación sistémica y está directamente relacionado con el cambio climático y el gran auge de las poblaciones en las ciudades. Dicha innovación versa en torno a diferentes áreas y alberga numerosas iniciativas que se corresponden, entre otros, a multitud de ámbitos como son las infraestructuras, edificios, energía, ciclo integral del agua, saneamiento, gestión de residuos, vivienda o movilidad.

Sin embargo, para lograr el impacto que se necesita urgentemente, la innovación climática necesita un cambio exponencial hacia ecosistemas de innovación que estén plenamente constituidos y formalizados.

Estos ecosistemas deben funcionar eficazmente creando ideas y estrategias, pero también integrando el aprendizaje interdisciplinario, experimentando e innovando y con circuitos de retroalimentación que dirigen el aprendizaje hacia ciclos iteractivos de implementación y transformación. La educación constituye así uno de los pilares fundamentales dentro del proceso de innovación. Hay que educar para poder innovar.

Dentro de todo este complejo ecosistema, las ciudades deben ser capaces de hacer frente a diferentes retos que giran alrededor del clima, el riesgo y al impacto con el objetivo de ser sostenibles, evitar las emisiones de carbono y ser resistentes. Es aquí, donde las ciudades se hacen responsables de mejorar calidad del aire, reducir emisiones y residuos y el uso de los recursos, al mismo tiempo que promueven el bienestar, la salud pública y el equilibrio social.

Necesitamos innovación, y en el momento en el que nos encontramos actualmente, necesitamos esta innovación para estimular una transformación fundamental de los sistemas económicos, sociales y financieros que desencadenen un cambio exponencial en las tasas de descarbonización.

Para hacernos una idea, si disminuyéramos en algo más del 6% el uso intensivo de carbono de la economía mundial tendríamos una probabilidad del 66% de alcanzar el objetivo del Acuerdo de París(1). En otras palabras, el bloque constituido de los G20(2) deberá reducir un tercio de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) hasta el año 2030 y más de la mitad para 2050. En el caso de España, la economía española deberá conseguir una tasa de reducción de emisiones anual media del 3,2% para 2030.

La reducción de las emisiones de GEI entre un 20% y un 40% —que ha sido el nivel perseguido hasta ahora en la UE— puede lograrse con relativa facilidad con el sistema de producción y las infraestructuras actuales. Una combinación de medidas de eficiencia, sustitución de tecnología y cambio de comportamiento, probablemente nos llevaría a ese punto.

Sin embargo, la reducción de las emisiones en un 90% para 2050 —niveles coherentes con el logro de los objetivos del Acuerdo de París— exige un enfoque totalmente diferente. En lugar de un modelo económico basado en el crecimiento, el consumo y la obsolescencia, que explota continuamente los recursos del planeta, necesitamos una economía circular en la que los residuos sean materia prima, las tasas de reciclaje sean del 100% y el carbono fósil permanezca bajo tierra. En los sistemas sociales, en lugar de grandes sistemas energéticos centralizados y contaminantes, tenemos que pasar a la producción y el consumo local de energía limpia. Para la movilidad, el cambio debe consistir en caminar, andar en bicicleta, electrificación completa y movilidad sostenible que debe provocar que cambiemos nuestra forma de vivir y trabajar. Con los sistemas financieros, la obsesión por los rendimientos a corto por capital paciente que esté diseñado para valorar plenamente los beneficios sociales y ambientales de la inversión, acompañado de una rápida transición bancaria que deje de lado los “activos bloqueados” de la economía basada en los combustibles fósiles.

Es aquí donde la innovación estratégica está en el centro de la transformación. Por innovación estratégica nos referimos a un portafolio de experimentos de innovación deliberada a través de todo el sistema, diseñados para generar modelos empresariales e industriales alternativos y crear opciones de elección e impulso. Este vademécum debe fomentar la innovación desde el punto de vista de la oferta, lo que ayuda a introducir un torrente de nuevas ideas y perspectivas, además de conectar todas esas ideas con la innovación desde el punto de vista de la demanda y una clara orientación a los retos; y siempre partiendo de la identificación de los supuestos existentes, los hábitos y los modelos de generación de valor que necesitan cambiar.

De este modo, la acción transformadora del clima requiere innovación e intervención simultánea a través de un conjunto de impulsores de sistemas —políticas, comportamiento, finanzas, tecnología y mercados— donde el equilibrio debe ser adaptado a cada sistema basándose en una profunda comprensión y experimentación.

Por otro lado, ha quedado demostrado que la intervención y el apoyo de la administración pública es más que necesaria. Esto conlleva a convertir el triángulo del conocimiento y la innovación en un tetraedro donde se fomenta la colaboración en proyectos complejos entre las diferentes partes que lo componen y den lugar a su vez a la hélice del conocimiento, logrando de esta manera convertir el triángulo del conocimiento a Comuni- dades de Innovación Disruptiva. Ver Figura 1.

El desarrollo urbano sostenible se convierte en algo imperativo. Actualmente, las ciudades consumen el 75% de los recursos naturales del mundo (materiales, energía, agua), producen el 50% de los desechos del planeta y generan entre el 60% y el 80% de las emisiones de GEI(3).

La transición urbana debe catalizar el cambio transformador hacia ciudades descarbonizadas y resistentes haciendo que los diferentes actores urbanos impulsen este cambio sistémico que no será posible si no podemos adaptar la demanda a la innovación climática y trabajar conjuntamente en el desarrollo de soluciones integradas. Si lo lográramos, podríamos encontrarnos con un escenario prometedor donde las ciudades habrían mejorado su resiliencia y alcanzado los objetivos de descarbonización. Algunas de las soluciones que se deberían de poner en marcha serían:

  • ™™Incrementar la tasa de rehabilitación de edificios para mejorar eficiencia energética que permita reducir sustancialmente el consumo de energía.
  • ™™Posibilitar la producción de energía renovable a escala de edificios y distritos. Con las tasas de adaptación actuales nunca alcanzaremos los objetivos marcados en el futuro.
  • ™™Desarrollar soluciones mediante el aprovechamiento de los recursos naturales disponibles —radiación solar, acuíferos, arboledas, huertos urbanos…— adaptando así las ciudades a la naturaleza de su entorno.
  • ™™Acelerar el cambio hacia una “movilidad como servicio” y que además sea limpia e inteligente.

No obstante, en el escenario actual existe un déficit anual de financiación de unos 1.000 millones de euros en los gastos de infraestructura básica (transporte, energía, agua y comuni- caciones), de ahí, que esta necesidad de cambio haga que surjan nuevas oportunidades empresariales y mercados sostenibles innovadores.

Queda claro, que la satisfacción de todas estas ambiciones exigirá millones de euros de inversión y que, aunque sólo parezca un reto, también es una oportunidad única que fomenta el desarrollo de la innovación.

Es aquí, donde catalizar la transformación de las ciudades a través de la colaboración y de la innovación sistémica es esencial poder liderar la transición hacia una economía verde basada en la innovación donde la gobernanza, la trasformación productiva y la financiación juegan uno de los roles más importantes y serán piezas claves y necesarias para desarrollar ciudades resilientes.

En la parte de gobernanza debemos saber muy bien cómo traducir a planes de acción los objetivos de sostenibilidad que tenemos marcados. Esto es muy importante ya que, de no ser así, dichos planes no se materializarán en proyectos concretos. La capacidad que tengan las ciudades para acometer estos proyectos será crucial para acelerar el ritmo y conseguir el mayor impacto posible en dicha transformación.

La transformación productiva y de servicios requiere un uso más eficiente de los recursos naturales y de la energía, a la vez que reduce la producción de residuos y produce de una forma más limpia. No olvidemos que el propio proceso de reciclado es contaminante por lo que es necesario un cambio en el paradigma de la producción. En la medida de lo posible los residuos serán incorporados de nuevo dentro de la cadena de valor como materias primas en detrimento de su revalorización. La educación y concienciación sobre el reciclaje y el consumo responsable son fundamentales para desencadenar el cambio sistémico necesitado.

En materia de financiación, las ciudades deben hacer lo posible para acelerar la inversión en innovación urbana. Es importante que las ciudades utilicen metodologías orientadas a la participación de todas las partes interesadas y siempre con enfoques hacia los inversores para que pueda aumentar el número de iniciativas con interés para poder ser financiado. Por supuesto, parte de esa financiación se dirige también a las nuevas tecnologías que permitan mitigar y adaptarse mejor al cambio climático. De nuevo, podemos ver aquí el gran impacto que tienen las entidades públicas para facilitar el llamado “financiamiento verde” evolucionando no solo hacia economías de bajo carbono sino también más inclusivas y garantizando el bienestar de la población.

Pero ¿cómo podemos acelerar todos estos cambios tan profundos que las ciudades precisan en un período tan corto de tiempo?

En primer lugar, debemos tener en cuenta la escala “distrito”. El distrito o barrio sería el tamaño óptimo para poder experimentar e implementar la innovación. Representa la unidad de escala más eficaz donde probar los sistemas integrados y la infraestructura necesaria para acelerar la sostenibilidad. Los distritos son lo suficientemente compactos para concentrar recursos y mejorar la eficiencia gozando a su vez de autonomía, pero también son lo suficientemente grandes como para tener un impacto notable.

Además, en los distritos es más sencillo integrar proyectos y sistemas que convencionalmente funcionan por separado en materias de energía, movilidad o vivienda como por ejemplo la calefacción urbana, las redes de infraestructura o la gestión de la demanda y el intercambio de recursos.

Para que la adopción de estos sistemas en los distritos sea significativa, debemos generar una política que conlleve una aplicación conjunta por parte de todos los agentes que intervienen. Esto creará un diálogo que ayudará a generar el impacto deseado logrando un desarrollo sostenible e impulsado directamente por el mismo distrito. A nivel distrito, es más factible probar nuevos modelos de financiación verde o de contratación. Cada vez más, la innovación abierta está más patente en nuestro entorno y las ciudades promueven el proceso de participación e involucran a todos los agentes interesados para dinamizar y mejorar la innovación en un sistema territorial concreto.

La innovación sistémica e integradora es fundamental ya que fomenta la conectividad y eficiencia, la economía circular y la utilización de los residuos como recurso y es capaz también de integrar sistemas inteligentes y tecnologías sensibles para poder dar uso al sistema de datos tan complejo que se genera.

Es muy importante no olvidarse aquí del desarrollo sostenible e inteligente que articula nuevos modelos de valor para visualizar y dar sentido a la complejidad de los datos determinando prioridades, demostrando el valor y apoyando a la toma de decisiones de los sistemas y estructuras para recaudar los fondos, el capital requerido y hacer atractivas las propuestas a los inversores. Aquí entraría la gestión, la evaluación y la redefinición de la propuesta. Los distritos pueden recopilar datos locales, como las emisiones de GEI, microclimas, islas de calor, túneles de viento, kilómetros recorridos por los vehículos, comportamiento de la población, navegación espacial, sistemas de drenaje, calidad de las aguas pluviales, energía y ahorros en los servicios públicos. Integrando y superponiendo estos datos, podemos comprender las interacciones, compartir las mejores prácticas y aplicar nuevas técnicas que servirán para mejorar y refinar los desarrollos emergentes.

Por último, tendríamos la educación y el desarrollo de capacidades que permite la colaboración, atrayendo a todas las partes interesadas para que trabajen conjuntamente.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, podremos llegar a generar un distrito inteligente y sostenible, que se caracterizará por tener una movilidad con bajas emisiones de carbono con coche compartido y carril bici, redes inteligentes, edificios de bajo consumo energético, gestión eficiente del agua, espacios verdes públicos con zonas de agricultura urbana, recogida de aguas pluviales y todo ello respaldado por tecnologías sensibles que optimizan lo srecursos. Además, promoverá el bienestar y los estilos de vida sostenibles, y facilitará nuevas formas de trabajo, de viaje y de consumo a la vez que se interactúa y disfruta de la ciudad.

Este desarrollo de distritos inteligentes y sostenibles seguirán el sistema llamado Factor 4 cuyo objetivo no es otro que duplicar el bienestar con la mitad de los recursos naturales y servirá de guía para poder extender, acelerar y replicar los conocimientos, la experiencia y las mejores prácticas necesarias para la transición hacia una vida sin emisiones de carbono y para la creación de ciudades verdes, resilientes e innovadoras.

(1) UNEP: The Emissions Gap Report 2017.

(2) El G20 incluye Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, República de Corea, México, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Turquía, Reino Unido, EE.UU., más la UE

(3) UNEP 2013 & WRI 2015

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Ignacio Chanzá
Ignacio ChanzáJefe de Innovación de EIT Climate-KIC Spain

2018-07-16T11:31:46+00:00 29 Jun, 2018|